Análisis económico
Notas sobre la evolución de la distribución del ingreso. El consumo popular y el consumo superior
[12/06/2006] Documento de análisis económico sobre la distribución del ingreso en nuestro país y su impacto sobre la composición del consumo en el período 2001-2005.
a) Consideramos como masa de ingresos de los sectores populares al total de ingresos que perciben los ocupados sin incluir la categoría de patrones. Incorporamos por ende en esta definición a los asalariados registrados, los no registrados, los trabajadores por cuenta propia y los desocupados que perciben planes. Agregamos también los ingresos de los trabajadores rurales y los fondos de los aportantes a las AFJPs. Esta medición indica que los sectores populares percibían el 25,4% del PBI en el año 2001, mientras al finalizar el 2005 su participación era de un 22,3%.
b) Al incorporar en la medición la totalidad de los pagos por jubilaciones y pensiones que realiza el Estado, las cifras de participación en el PBI mantienen la tendencia pero modifican su magnitud. Así, en el año 2001 la masa total de ingresos populares representaba el 32,5% del PBI y a finales del 2005 se ubicaba en un 26,7%. La misma medición pero a valores constantes ubica la participación de los ingresos populares sobre el PBI en un 25.9% o un 24.6% según deflactemos por el Índice de Precios al Consumidor o consideremos distintos indicadores según los diferentes tramos de ingreso.
c) Para estimar el consumo popular consideramos que el ingreso de todos los sectores populares se vuelca completamente al consumo. Sólo descontamos los aportes a las AFJPs ya que por definición constituyen ahorros. Definido esto y por diferencia con el Consumo Privado Total se estima el Consumo Superior. Cabe consignar que estas estimaciones sólo deben considerarse como aproximaciones. En primer término porque en el total de ingresos populares se está incluyendo la capa de gerentes y ejecutivos que pueden figurar como asalariados. Asimismo, al englobar en el consumo superior a la totalidad de los patrones, quedan incluidos los ingresos de los pequeños empresarios que, en muchos casos, pueden coincidir con cierta franja de los asalariados. No obstante estas aclaraciones, los resultados pueden entenderse como aproximaciones aceptables.
d) La estimación indica que mientras en el año 2001 el consumo popular representaba el 45,8% del total del consumo privado, en el 2005 desciende al 43,8%. Asimismo, el consumo superior (el de los sectores más acomodados de la población) pasa de representar el 54,2% a significar el 56,2%.
e) Las participaciones expuestas son el resultado de que el consumo privado total se expandió un 98,4% mientras el consumo popular creció por debajo (un 89,4%) y el consumo superior subió un 105,7% en el período en consideración.
f) Las tendencias expuestas revelan una fuerte expansión del consumo superior (62%) en el marco del brutal ajuste de ingresos producido en el 2002, y una recuperación del consumo popular en los años 2003 y 2005 sin que tal recuperación permita volver a la situación existente en el año 2001, y tampoco suponga alteración en la composición estructural del consumo.
g) Las mediciones convalidan la hipótesis de que más de la mitad del consumo de la sociedad argentina no se explica por los ingresos populares, sino que depende de las distintas formas de renta (ganancias) que obtiene una parte minoritaria de la población económicamente activa (los patrones representan el 3,8% de la PEA). Cabe consignar que la medición que establece que el 56% del consumo corresponde a sólo el 3,8% de la Población Económicamente Activa, es una medición hecha a valores corrientes. La consideración de la evolución de los precios y la aplicación de los indicadores correspondientes según los distintos tramos de ingresos evidencian que el consumo superior pasó de representar el 54,2% del consumo privado total en el 2001 a significar el 61,5% a finales del 2005. Es decir, que considerando el impacto de los precios, el consumo popular solo asciende al 38,5% del consumo privado total.
h) Lo expuesto permite consignar las siguientes conclusiones:
1) Cuando se discuten los aumentos de salarios o de jubilaciones, se teme por el impacto en precios que estos puedan tener en razón de su efecto sobre el consumo total. Sin embargo, lo expuesto indica que habría que tener una preocupación mayor respecto al impacto que sobre el consumo puede tener la apropiación de ganancias extraordinarias por sectores minoritarios que representan la mayor parte del consumo. En este sentido, es probable que una reforma impositiva de sesgo progresivo (sobre ganancias, bienes personales, patentes, inmobiliario, etc.) pueda ser un instrumento antiinflacionario más interesante que la fijación de “topes salariales”.
2) Queda claro que el patrón de desigualdad que construyera la experiencia neoliberal y que no se ha alterado, determina la “composición del consumo”. Corresponde agregar entonces que si la demanda es gobernada por los sectores más acomodados de la población, esto incide sobre el perfil productivo y la pauta de inversión. Para ser más precisos, podríamos decir que:
El consumo superior tiene un elevado componente de producción importada. Es así que, pese a la devaluación, el coeficiente de importaciones de la economía argentina es prácticamente el mismo que el de la convertibilidad. Pero además, si incorporamos los celulares que se importan como parte de los bienes de consumo que se traen del exterior, hoy Argentina importa una proporción similar de bienes de consumo que en aquel momento. Por ende, el consumo de los ricos demanda producción importada y limita la sustitución por producción local.
Parece razonable también vincular el elevado consumo superior con el alto porcentaje que la inversión en construcción (60%) tiene sobre el total de la inversión en el país. El predominio de los “ladrillos” sobre la maquinaria y los equipos revela la importancia del “boom inmobiliario” de carácter residencial y privado que se despliega en los principales centros urbanos del país. Obviamente, si el elevado nivel de importaciones pone límites a la reconstrucción productiva, el bajo componente de equipamiento en el total de la inversión debilita la capacidad de sostener las actuales tasas de crecimiento económico.
Queda claro también que el mayor consumo superior debilita también la tasa de inversión al detraer parte importante del excedente económico a dicho objetivo.
i) En síntesis, queda claro que la Argentina de los ricos no sólo es injusta sino que debilita y distorsiona la capacidad de crecimiento de la economía. Si hubiera mejores y mayores políticas públicas de transferencia de ingresos a los sectores populares, la composición del consumo cambiaría a favor de la demanda popular. Esto reduciría el componente de importaciones, requeriría de la ampliación de la oferta de bienes-salario y podría empalmarse con un nuevo proyecto productivo.
Por Claudio Lozano y Tomás Raffo. Junio de 2006
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