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Salarios y productividad [10/08/2005] Admitir que los futuros aumentos salariales dependan de una mayor productividad, como quieren los empresarios, significa congelar para siempre la actual e injusta distribución del ingreso.
"Creemos que la industria ya paga hoy salarios muy dignos. Lo que esperamos es que si en algún momento hay que negociar aumentos eso salga de la competitividad de las empresas, porque si no, no hay de dónde sacarlo con la capacidad instalada que hay." (Héctor Méndez, presidente de la Unión Industrial Argentina, Clarín 24 de Abril de 2005). Tras la fuerte licuación de los salarios, los empresarios pretenden poner un límite a la recomposición de los ingresos de los trabajadores. Para frenar los reclamos, desde el sector empresario se argumenta que sólo podrá haber aumentos salariales si se producen nuevos incrementos en la productividad, ya que de lo contrario, se interrumpiría el proceso de crecimiento. En realidad dicho debate no es nuevo. Durante la década del ’90 ése fue el criterio con el que, supuestamente, se iban a dictaminar los aumentos salariales. Sin embargo, la realidad fue muy diferente. Mientras la productividad subió en forma considerable, sobre todo durante la segunda mitad de los años ’90, los salarios de los trabajadores tendieron a decrecer. Entre los años 2002 y 2004, los salarios (considerados según el costo que implican para los empresarios), crecieron en promedio un 21,2%, mientras que la productividad se incrementó el 15,2%. Si bien, los aumentos salariales otorgados fueron ligeramente superiores a los de la productividad, son insuficientes para recomponer el deteriorado nivel salarial y el intento del empresariado de atar su evolución al de la productividad significaría mantener el costo laboral al nivel vigente a la salida de la Convertibilidad, es decir, el más bajo de la historia. ¿Qué implica para los trabajadores someter la discusión salarial a la futura evolución de la productividad? En primer lugar, significa mantener el poder de compra de las remuneraciones en un nivel cercano al actual. En segundo lugar, es la consolidación de la inequitativa distribución del ingreso de la actualidad. De esta manera, la menor participación del salario en el ingreso total que se sucedió tras la devaluación, y que tendencialmente viene sucediendo desde la mitad de los años setenta, se establecería como nuevo límite distributivo. No quedan dudas de que esta propuesta perjudica los intereses de los trabajadores. Lo curioso es, que esta misma idea se quiera implementar desde el año 2002 en adelante, cuando el mismo sector empresario ya la había formulado a principios de la década del noventa, iniciativa que fue aprobada legalmente. Pero durante esos 10 años no se cumplió.... Los años noventa: un olvido funcional a los empresariosEstá claro que la década anterior no tuvo resultados muy positivos para los trabajadores como producto del proceso de apertura y desregulación económica, que consolidó las políticas aplicadas por la última dictadura militar, generando un nivel de desarticulación productiva y fragmentación social inédita en la historia reciente de nuestro país. El consecuente desmantelamiento del tejido industrial implicó el desplazamiento del sector como eje central en el proceso de desarrollo económico y -paralelamente- su reemplazo por un patrón de crecimiento basado en la reprimarización productiva y la especulación financiera. El nuevo patrón de crecimiento condujo a un incremento sin precedentes del desempleo, a una brutal contracción de los salarios reales y a una creciente fragmentación social. Los niveles de desempleo que, en el año 1974, se ubicaban en torno al 4,2%, promediaron el 12,0% durante la década del noventa y alcanzaron el 21,5% al finalizar la convertibilidad. A su vez, los salarios reales presentaban, en el año 2002, un retroceso del 50,2% con respecto a los valores vigentes en el año 1974. El efecto combinado de ambos procesos -aumento del desempleo y disminución del salario real- marcó un aumento tendencial de la inequidad en la distribución del ingreso en las tres últimas décadas. Mientras que en 1974 la diferencia de ingresos entre el 10% de los hogares más pobres y el 10% de aquellos hogares más ricos era de 9,5 veces, dicha proporción se elevó hasta 46,1 veces en el año 2002. La falta de competitividad del sector industrial -derivada de la apertura externa y agudizada por la sobrevaluación cambiaria vigente en los noventa- condujo a que la recomposición de la tasa de ganancia del sector se realizara a expensas del salario y de la expulsión de los trabajadores. Como se pude observar en el gráfico número 1, el empleo industrial evidenció una tendencia descendente a lo largo de la década del noventa, mientras que la producción siguió el camino inverso, determinando un crecimiento significativo de la productividad. ![]() Gráfico Nº1. Evolución de empleo y la producción. Como se observa en el gráfico número 2, con la excepción de los primeros años de la década del noventa, el crecimiento de la productividad fue significativamente superior al del salario. Por lo tanto, la propuesta empresaria de atar los aumentos salariales a los de la productividad fue incumplida durante la mayor parte de la vigencia del plan de convertibilidad. Las remuneraciones se deberían haber incrementado a una tasa anual del 4,8% para seguir la evolución de la productividad, pero no sólo no aumentaron sino que cayeron y terminaron por debajo del nivel del año 1991. ![]() Gráfico Nº2. Evolución de la productividad y el salario. La discusión actualUna vez que se ha dejado al descubierto lo acontecido durante la década del noventa queda más claro cuáles son las intenciones del sector patronal. Tras la devaluación de enero del año 2002, se busca mantener el salario en el nivel más bajo de su historia. Si bien desde esa fecha los salarios se recuperaron un 21,5% en el sector industrial, aún resta un largo camino para recomponer el nivel de vida de los trabajadores ante la profundidad de los cambios acontecidos en los últimos años. Por lo tanto, las reivindicaciones salariales no deben centrarse sólo en la coyuntura sino incorporar en la discusión también a la década del noventa, donde las remuneraciones crecieron por debajo de la productividad. Para alcanzar la relación entre salarios y productividad vigente en el año 1991, el salario real debería aumentar un 46,4% aún por encima de los incrementos otorgados desde el año 2002. Pero eso no es todo, los aumentos de productividad por encima de los salarios a lo largo de los últimos 15 años significaron la apropiación por parte del sector empresario de una masa de ganancias que les hubiera correspondido a los trabajadores, si tal como planteó el propio sector empresario los salarios hubieran seguido el crecimiento de la productividad. Por lo tanto, también debería reintegrarse a los trabajadores la suma de 33.548 millones de pesos, correspondientes al período 1992 - 2004. Para tomar en cuenta la dimensión de esta cifra, hay que remarcar que hoy representa, aproximadamente, la masa salarial correspondiente a dos años. ![]() Gráfico Nº3. Cuantificación en millones de pesos de los incrementos de productividad por encima de los salarios. Una vez más, los trabajadores se enfrentan a la “desmemoria” empresaria, que luego de una década de silencio, en el marco de la recuperación posterior a la crisis proponen someter la discusión salarial nuevamente a la evolución de la productividad, echando un manto de olvido sobre las ganancias extraordinarias que obtuvieron por el incumplimiento del mismo mecanismo que hoy quieren llevar adelante. En definitiva, pretenden perpetuar el reducido poder de compra de los salarios y consolidar una inequitativa distribución del ingreso. Ante esta situación no sólo debe solicitarse un aumento de salarios del 46,4%, sino también el reintegro de los 33.548 millones de pesos apropiados a los trabajadores en los últimos años. También en Boletín de la Fetia Trabajadores de la Cooperativa La Unión pelean en Miramar por recuperar definitivamente el frigorífico Vadelia a través de la expropiación. Reflexiones sobre los conflictos actuales ¿Por qué luchan nuestros viejos? Tenemos Derechos y debemos ejercerlos Sumar a los 800 pesos el debate sobre la distribución del ingreso El Consejo de la Productividad, el Empleo y el Salario acordó aumentar el salario mínimo de manera escalonado para llegar en noviembre a los 800 pesos. La CTA propuso medidas para el conjunto de los trabajadores. La empresa, La Cabaña SAIC , productora de manteca y crema de leche, empezó con una crisis de deterioro en su funcionamiento alrededor del 2001. En ese momento trabajaban unas 50 personas. La producción había bajado entre el 30 y el 40 por ciento y en setiembre de ese año la patronal echa a la mitad del personal. Inmediatamente presenta la convocatoria de acreedores, con la intención de no pagar las indemnizaciones.Como respuesta pusimos una carpa en la puerta, generamos un piquete con el sindicato y estuvimos 12 días en la calle parando la producción. Nuevas alternativas para las fábricas militares Parece haber desaparecido el riesgo de privatización o reducción. En el gobierno nacional se estudian alternativas de producción, como la reparación de vagones del ferrocarril Belgrano. La certeza de pasar del ministerio de Economía, como estamos actualmente, al ministerio de Planificación (que es el que maneja Julio De Vido), es vital para nuestro futuro. El traspaso ocurriría, aproximadamente, entre en septiembre y octubre de este año. ¿Por qué hay que conocer cómo operan las ART? Nunca será suficiente lo que se insista respecto al cuidado de la salud de los trabajadores. Las duras condiciones de precariedad laboral y bajos ingresos desviaron la atención sobre cuestión tan fundamental y hoy nos encontramos con un panorama donde se han degradado las condiciones laborales comprometiendo seriamente la salud de los trabajadores. En la mayoría de los casos el tema no se trata, o se trata mal y en el mejor de los casos se cambia plata por salud. Un debate urgente sobre las ART La reunión de la OIT en Ginebra fue el escenario elegido por los empresarios para cuestionar los cambios proyectados - en proceso de debate - en la legislación laboral. Sanitarios Roca estuvo en lucha durante 18 dias. Esta empresa está ubicada en la zona de Lanús y desde hace muchos años se dedicaba a la fabricación de sanitarios y menaje. El proceso productivo exigía modalidades metalúrgicas y de enlozado. Por esta razón sus trabajadores estuvieron históricamente encuadrados en la UOM. |
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